Mi primer viaje al exterior de Argentina fue en 1981 a México. Estuve en el DF y Acapulco.
Tenía 9 años y mis recuerdos son vagos, aunque nunca olvidé algunas imágenes del Museo de
Antropología, la gigante bandera del Zócalo y la inmensidad de la Pirámide del Sol vista desde
abajo.
Mi último viaje en agosto de 2017 fue a México. Estuve casi un mes. En los 26 años entre uno y
otro viaje no había regresado.


Tuve la suerte de viajar mucho, como me encantan los pueblitos chiquitos con mucha historia,
callecitas y vistas espectaculares, suelo ir cada vez que puedo a Europa y nunca me defrauda.
Pero tuve que volver a México este año por trabajo. Tres semanas al ex DF y ahora CDMX.
Sinceramente tenía un poco de miedo. Las noticias que llegan no son las mejores, la idea de
una ciudad tan grande y contaminada no contribuía a que viera ese viaje como un placer.
Como tengo familia en Oaxaca, aproveché para salir 3 días antes y visitarlos. Tampoco sabía
con qué me iba a encontrar.
Hoy, a más de dos meses de haber regresado volví enamorado y con ganas de volver cuanto
antes y a recorrer todo el país. Ese casi mes en México me transformó, no sólo la idea que
tenía de él, sino me generó un sentimiento afectivo por su tierra y su gente.
Llegada al Aeropuerto
Lo primero que me impresionó a la llegada es la seguridad. Mucha policía, controles muy
estrictos, mucho más de lo que estoy acostumbrado en los aeropuertos de Argentina. Pero
salvo excepciones, bastante amabilidad.

Oaxaca
No sabía que esperar de Oaxaca. Por más de que el viaje a Oaxaca era con intensiones
familiares, siempre trato de aprovechar para conocer y pasear. Mi primera impresión, desde el
aeropuerto a la casa donde me alojaría fue la nada misma. Vi una ciudad bastante pobre que
parecía no tener su gracia por ningún lado. Pero todo cambió cuando me llevaron de visita al
centro histórico. Y es literal: de pronto en una cuadra todo se transforma.
No esperaba encontrar lo hermosas que son esas manzanas, lo antiguo de las construcciones,
los colores de sus casas, de las personas y lo bien conservado que se mantiene todo. De pronto
me sentía un turista recorriendo un pueblito, como los que me encantan de Europa, dentro de
una gran ciudad.

Boda en Oaxaca

Fue mi primera gran sorpresa. Encima me tocó apreciar festividades como un casamiento en la
calle y la celebración a una virgen que ahora no recuerdo el nombre. Todo increíble.
Al día siguiente me llevaron a las ruinas de Monte Albán. Otra maravilla increíble a tan solo 20
minutos del centro.

Monte Alban

Me fui de Oaxaca sorprendido y feliz pero aún no había visto lo mejor.

CDMX
Qué decir de esta ultra mega ciudad? Vivo en una mega ciudad como Buenos Aires, con más
de 12 millones de habitantes donde transportarse de un lugar a otro puede demorar horas,

donde nunca la terminás de conocer, donde jamás te cruzas en la calle con una persona
allegada.
CDMX hace ver a Buenos Aires como si fuera un pueblito. Dos meses después de haber
regresado aún tengo la sensación de que vivo en una ciudad pequeña.
CDMX me aplastó, me aplastó su tránsito, sus distancias. Nada es cerca, nada demora menos
de 30 minutos, incluso en horarios insólitos como un día de semana a las 10 de la noche.
La inseguridad es un prejuicio que me quité enseguida y que me gustaría transmitir a todo el
mundo. Obviamente es una ciudad insegura, pero como Buenos Aires, como otras tantas
grandes urbes. Mi sensación es que solo hay que tener un poco de cuidado y nada más. En
ningún momento sentí peligro.
Amé CDMX. Amé su centro, amé sus colonias, los centros de sus colonias. Amé el museo de
Antropología que me pareció uno de los más lindos del mundo. Amé su arquitectura, su
comida, sus iglesias, sus pirámides, su historia, pero en especial, amé a su gente.
Los Mexicanos.

Es increíble, para un argentino, sentir lo bien que te hacen sentir. No solo la amabilidad y el
respeto sino cosas tan sencillas como un saludo en cualquier parte, un hola al que vende agua
por la calle, un adiós al del supermercado. Los que manejan los taxis, los UBER, los que
atienden en los hoteles, bares y restaurantes, las personas con quienes me tocó trabajar.
Si eres mexicano debes estar acostumbrado, pero siendo extranjero y viniendo de Argentina,
les juro que se siente y se convierte en una cualidad que marca diferencias para quienes
amamos viajar.

Luego de tres semanas en CDMX me sentí uno más. Me fui con amigos, me fui sintiendo que
era mi segundo hogar, me fui con los olores y colores y me fui prometiéndome volver a
conocer todos sus pueblitos llenos de historia. Sus callecitas angostas, sus paisajes de ensueño,
sus playas blancas e inolvidables. Me fui como me voy cada vez que me voy de mi amada
Europa. Me fui para volver.
@quiz_viajero

Nota al pie: este texto forma parte de un intercambio con Katty donde nos propusimos
intentar cruzar las fronteras de nuestros países con los contenidos viajeros que generamos.
Le agradezco muchísimo a Katty por la buena onda y el espacio y los invito a conocer las cosas
viajeras que hago en quizviajero.com y en Twitter @quiz_viajero

Viajar es una de mis pasiones y me encanta compatir mis viajes en el blog para inspirarte a viajar.

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